Las calles de Urdesa están iluminadas por los
postes de luz de la vereda. Se escuchan los carros pasar rápidamente. En las
paredes de los locales, los carteles anuncian promociones especiales por el Día
de San Valentín. Fuera de un restaurante de Shawarma, se encuentra aparcado el
carro de Noelia con las luces intermitentes encendidas.
Noelia, de 22 años, está sentada en el asiento
del conductor del auto. Aún lleva el uniforme de sus prácticas en el hospital.
Su cara de frustración está iluminada por la luz del interior del vehículo. Trata,
por enésima vez, de encender el switch del auto. El motor hace un sonido
ahogado y Noelia lanza un grito de rabia mientras coloca su cara entre sus
manos.
-
¡Todo me tiene que pasar a mí! ¡No
puedo más!
Noelia mira su lista de contactos del celular.
Comienza a llamar a sus contactos más frecuentes. Llama a su padre, a su
hermano, a su amiga Melissa, pero la respuesta es la misma: el tono de la
grabadora.
-
¿Es que no hay nadie disponible?,
dice desesperada.
En una maniobra rápida, abre su registro de
llamadas, en donde se pueden ver siete llamadas perdidas del mismo contacto:
Diego. De pronto, el pito de un auto la asusta. El conductor le hace gestos para
ver si va a dejar el aparcamiento. Noelia le dice con la mano que no.
-
¡Vete a la mierda, tío! ¡Casi meda
un infarto!
Noelia suspira, se pasa una mano sobre la cara
y empieza a llamar a Diego. Después de dos tonos de llamada, contesta.
-
¿Eres tú, Noelia?, dice la voz
suave de un hombre.
-
Perdona, Diego, que no te
contestase antes.
-
No pasa nada. No era urgente. Era
para…
-
Escucha. Estoy en un aprieto. Aquí
en Urdesa. El carro no arranca. ¿Puedes venir a buscarme y llevarme a casa?
-
Dime la dirección y voy para allá.
-
Te mando la ubicación.
Mientras cuelga la llamada, Noelia se empieza
a cuestionar si pedir ayuda a Diego es la mejor idea. Le parece un poco irónico
estar buscando su ayuda después de haber roto con él ese mismo día. Noelia
cierra los ojos por unos segundos mientras recuesta su cabeza en el espaldar
del asiento. Al abrir los ojos, desbloquea su celular y se dirige a sus
mensajes con Diego para mandarle su ubicación. Es ahí donde se vuelve a
encontrar con el fatal mensaje. Un mensaje que Noelia había enviado hace apenas
unas horas. El mensaje daba un fin definitivo a su relación de dos años. Noelia
no planeaba terminar con él en el Día de San Valentín, pero la opción de
celebrarlo juntos le parecía insoportable.
En menos de quince minutos, Noelia ve llegar el
carro de Diego acercándose al suyo. Al verlo parquearse en el puesto de atrás,
Noelia baja rápidamente. Diego no pierde tiempo en llegar hasta donde ella está
parada. Tiene unos 27 años y su aspecto recuerda al del cantante Maluma. Diego
no sabe si besarla como una amiga o darle la mano. Simplemente la saluda:
-
Hola, Noelia.
-
Hola. Gracias por venir, le responde
Noelia sin atreverse a mirarlo a los ojos.
-
No, nada. Cualquier cosa que
necesites, ya sabes, dice Diego.
Diego es así: pone a los demás sobre él mismo.
-
Cojo mis cosas del carro y nos
vamos, dice Noelia incómoda.
Noelia rompió su relación con un mensaje de
wasap para no dar explicaciones y ahora tiene un trayecto de 20 minutos hasta
su casa.
Ambos se suben al auto de Diego. Ni ella ni él
cruzan una palabra. Tras unos minutos de incómodo silencio, Noelia enciende la
radio. Al mismo tiempo mira por la ventana tratando de aparentar interés en las
calles de Guayaquil. Abruptamente, la radio deja de sonar. Noelia se gira y descubre
que Diego la ha apagado.
-
Podemos hablar de lo nuestro, le
suplica Diego a Noelia.
-
No hay nada que hablar, dice Noelia
y enciende la radio nuevamente.
Diego la vuelve a apagar. Noelia la vuelve a
encender, pero esta de una manera más agresiva.
-
Por favor, Diego, lo nuestro se
acabó. Solo te pido que me lleves a casa. Estoy muy cansada.
Diego se mantiene callado. Noelia se siente
mal por haberle hablado así. Al verlo tan serio, Noelia le empieza a preguntar
acerca de su familia.
-
¿Cómo está tu madre? ¿Se le pasó
el dolor de rodilla?
Diego decide seguir la conversación y empieza
a contar una historia graciosa que pasó ayer en una reunión familiar. Diego
siempre ha sido bueno contando historias. Incluso suele imitar las voces de las
personas involucradas. Poco a poco, la incomodidad empieza a desaparecer y
hasta ríen juntos.
Entonces Noelia le explica a Diego que la
razón de haber terminado la relación ha sido para concentrarse en sus estudios.
Pero Diego dice que no le cree.
-
Eso nunca ha sido un problema en nuestra
relación. Yo siempre ha respetado tu carrera y tus estudios. Por favor, dime la
verdad.
Noelia está a punto de negarse, pero los ojos
de Diego le hacen dudar.
De repente, la mente de Noelia la transporta a
la semana pasada. Al departamento de Diego. A él pidiéndole que se muden
juntos. Noelia recuerda haber prácticamente huido de ahí. Hoy, al ver a Diego
tan vulnerable, sabe que debe decirle la verdad.
-
Creo que íbamos muy rápido. Yo
necesito más tiempo antes de vivir juntos.
Diego permanece callado y, sin darse cuenta, llegan
a la casa de Noelia. Noelia mira a Diego expectativamente, pero él sigue sin
decir nada. Así que, en un impulso, Noelia agarra un collar de su bolso y lo
deja en el salpicadero del coche. Es el mismo collar que él le había dado por
su aniversario. Luego sale y cierra la puerta del auto con fuerza.
Mientras se dirige hacia la puerta de su casa,
Noelia saca las llaves de su bolso. Entonces escucha el motor del auto
apagarse. Diego sale del auto y camina hacia Noelia. Noelia se gira y ve como
Diego le devuelve el collar. Noelia no deja de mirar a Diego a los ojos. No
dice nada, no hace nada. Solo se pregunta: ¿Por qué le llamé a él?
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