Asesinatos en Mocolí, por Gabriela Ortiz
El agua clara y pacífica envuelve los alrededores de la Isla Mocolí, una de las zonas más adineradas de Samborondón. Bajo las nubes blancas, casi transparentes, que cubren el cielo, se encuentran las grandes mansiones con sus tejados, sus piscinas y sus jardines de vibrantes colores. Fuera de estas, diminutos autos deportivos pasan a toda velocidad. El aire que levanta agita los arbustos y árboles que intentan invadir las extensas calles.
En una de las mansiones más grandes de la isla, habita Amelia, una joven de
20 años, hija única y producto del
privilegio. Ella no conoce el significado de querer algo y no obtenerlo, pues todo lo que ha querido en su vida lo ha
obtenido. La gran fortuna de sus padres la han protegido
de las crueldades del mundo. Ha vivido dentro de una burbuja
donde comprar es su profesión,
sus padres, los reyes y el dinero, su dios. Amelia se encuentra dentro de su walk-in closet salido directamente de su película favorita: El Diario de una Princesa 2. Alrededor
de ella, se encuentran varias bolsas
de compras. Emocionada, saca la ropa de diseñador y comienza a
probarla. Camina hasta el fondo de su armario, donde se revela, detrás de sus carteras, una caja fuerte. La abre.
Dentro podemos ver varios billetes y joyas. Ella saca su black card de la cartera, la besa y la guarda dentro de la caja. En
eso, un hombre de mediana edad se asoma en el marco de la puerta. Su rostro tiene facetas
dulces, pero su cuerpo
es robusto. Unas cuantas canas se asoman en su oscuro cabello y un atuendo blanco y gris casual lo acompañan.
-
No,
pa. Estoy un poco ocupada ahora. Mírala solo, please.
Amelia se levanta de su cama y camina hasta el dormitorio de sus padres. Está vacío. Ambos están viendo la película. Ella va directamente al cajón de lado izquierdo de la cama junto a la ventana, el de su padre. Abre el último cajón y saca de este una caja larga y pequeña con el texto “Regalos de Papá” inscrito. Al abrirla aparecen varios pines con la misma letra R de la foto. Cada uno tiene un número que representa la edad de Roberto. Sin embargo, hay muchos espacios desiertos. Los pines de la edad 32, 36, 28, 35 y 30 no se encuentran. Los vacíos encienden en la cara de Amelia con sospecha y miedo. ¿Su padre puede ser el responsable de los asesinatos?
Una epifanía invade el cuerpo de Amelia y rápidamente se levanta para caminar hacia el walk-in closet de sus padres. Este tiene del lado izquierdo ropa y zapatos de mujer y en el derecho ropa y zapatos de hombre. Ella se agacha en la sección de los pantalones. Mueve los armadores para crear un hueco. Siente la madera hueca detrás de estos y la saca para revelar la caja fuerte de su padre. Busca en su bolsillo del pantalón su celular y abre el app de notas. Accede a las notas con candado, introduce su face ID y busca en la docena de notas la contraseña de la caja fuerte. La digita y la abre. Amelia pega un pequeño grito al ver varias pistolas dentro de ella. Sus ojos se vuelven rojos y aguados. Se sienta frente a la caja en estado de puro shock. Las lágrimas caen por sus mejillas, pero ella no solloza. Al contario, su ceño se comienza a fruncir y su rostro refleja furia.
Amelia se levanta del suelo y camina hasta su dormitorio devuelta a su closet. Busca en uno de sus cajones un par de guantes de cuero. Recoge su cabello en una coleta lejos de su cara y se coloca una chaqueta que cubra sus brazos. Se mira en el espejo. Las lágrimas siguen cayendo involuntariamente, pero la ira en su rostro aún no se ha ido. Ella sale de su closet y regresa al armario de sus padres. Se agacha para acceder a la caja fuerte y lentamente toma el arma en sus manos vestidas con los guantes. El arma le tiembla entre los dedos y poco a poco se levanta. Revisa dentro del arma. Hay balas adentro. Se acerca al espejo de sus padres y, temblorosamente, apunta hacia este. El sonido de su teléfono la interrumpe. Toma el arma con la mano izquierda para revisar su teléfono con la derecha. Las Mocolí Girls comparten una nueva alerta. Ha habido otro asesinato en la isla hace 30 minutos. En eso Amelia recuerda lo sucedido hace menos de 1 hora:
-
No,
pa. Estoy un poco ocupada ahora. Mírala solo, please.
Amelia sonríe ante la alerta. “Papá, tiene coartada”, piensa. Rápidamente guarda el arma en su bolsillo trasero. Baja feliz a buscar y abrazar a su padre. Todo lo que puede sentir mientras baja las escaleras es calma mezclada con un poco de culpa. ¡Cómo pudo haber pensado que su padre es un asesino! Él, que ha dedicado toda su vida a darle todo, no puede traicionarla de esa manera. Los pines eran muy parecidos a los de la foto, pero ella recuerda que la tienda de diseñador en la que los compra cada año hace al menos 100 de los mismos. El asesino solo parece tener buen gusto. Amelia grita el nombre de su padre por toda la casa hasta que escucha su voz y la de su madre gritando cosas que no puede entender desde la cocina. Al entrar ve a Roberto limpiando sangre de su cuerpo y a Julieta, su mamá, tratando de eliminar la sangre de la camisa de su papá.
- Tenía que matarlo rápido. La policía estaba en camino. Su cuerpo cayó encima mío. No tuve opción ni alcance a dejar el pin en su cuerpo.
- Ame, tranquilla. No sé qué es lo que escuchaste, pero todo tiene una explicación. Baja el arma y te explico que tu mama y yo estamos…
Amelia carga la pistola y grita a todo pulmón con sollozos en medio de sus palabras.
- ¡YA PARA DE MENTIRME! LO SE TODO. VI LAS FOTOS DE LOS CUERPOS, LOS PINES QUE DEJAS DETRÁS. ¡MIS PINES! CONVERTISTE MIS REGALOS EN ARMAS, EN UN DECORADOS PARA TUS ASESINATOS. NI SIQUIERA INTENTASTE OCULTARLO. ¿QUÉ IBAS A HACER CON EL PIN QUE TE DIERA ESTE AÑO? ¿USARLO UNA VEZ Y DESPUÉS MATAR AL VECINO CON EL?
- Mamá, cállate y llama a la policía.
- ¡AMELIA BAJA EL ARMA!, dice Roberto tratando de acercarse a Amelia. Mi amor, déjame explicarte…
- ¡Cállate! No quiero escucharte. Quiero que alces los brazos y pagues por tus cri…
Se escucha otra arma cargarse. Amelia siente un objeto presionar su cabeza. Julieta apunta su pistola a la cabeza de su hija y seriamente le dice:
-
Suelta tu arma ahora Amelia.
- Mami, ¿cómo es que tú…?
- ¿Cómo es que yo me metí en todo esto? ¿Cómo crees tú que lo tienes todo en la vida?
Comentarios
Publicar un comentario