Fútbol en el Barrio Cuba, por Jeremy Castañeda

 

Las calles son estrechas en el Barrio de Cuba y las casas, antiguas, con pintura desgastada. El sol es intenso y muy brillante. En dos de las viviendas, colgada de los balcones, ondea al viento la bandera de Club Sport Emelec. Los perros ladran mientras de una de las casas sale el sonido de una retransmisión de un partido de fútbol. El locutor grita: “¡Gooooool!” 

Un hombre de setenta años está viendo un partido en el salón de la casa. Irritado agita su bastón por el gol y se queja del último fichaje del Club Sport Emelec. “¡Este portero es un maleta! Ya lo dije yo”, grita a la pantalla. Jhon, un joven de 18 años, delgado y alto, se sienta a su lado y se intenta colocar sus zapatos de fútbol. Están muy desgastados. “Abuelo, no me entran las zapatillas”, dice. “Pues no hay dinero para otras”, le responde el abuelo. 

Jhon sale de casa con la camiseta de campeón barrial puesta. Pero, en cuanto cruza la puerta y el sol golpea su cara, el abuelo se asoma y le dice: “¡Salió la nueva convocatoria de cantera a Emelec! Están buscando nuevos futbolistas. Te tienes que presentar”. Pero John no parece muy convencido y pone todo tipo de excusas. “Mejor el año que viene”, le replica. “Este año se presenta Carlos. No hay nada que hacer con ese”. Pero el abuelo insiste enfadado. Con su talento, debe de presentarse a la convocatoria y ganarla. ¿O es un gallina?  John no es ninguna gallina, así que se arma de valor y decide que a la mañana siguiente se presentará al estadio a realizar las pruebas juveniles.

John contacta con el club y le dicen que, por favor, se acerque a rellenar sus datos al estadio para comenzar el proceso. Al momento de estar en el escritorio de la secretaría, ve llegar a Carlos. Lleva puesta una camiseta de campeón barrial de otro barrio cercano a su casa. Se lo ve muy seguro de sí mismo. Ondea su camiseta de vez en cuando. Tiene tatuajes, un peinado llamativo y una mirada muy fuerte. John trata de no darle importancia para estar listo para comenzar sus pruebas en el campo de entrenamiento.

La secretaría le indica a John que todo está en orden y que ingrese en el campo de entrenamiento del club. John entra al vestuario y se cambia de ropa. Luego, con su mochila, va a pararse en la línea de los juveniles a punto de tener las pruebas. Se pone al lado de Carlos y se nota una diferencia de estatura. Aparece el entrenador, un hombre de unos 40 años. Da un saludo de forma muy seria: “Buen día con todos”. El entrenador tiene una mirada tranquila y se lo ve muy seguro. Está vestido de chándal azul completamente, con una gorra del club. Luego da los reglamentos del entrenamiento general de forma pausada y muy entendible.

La primera prueba es una prueba de velocidad: correr 500m. John la consigue realizar sin nervios. Tiene un tiempo muy bueno. Carlos la hace de la misma forma. Pero el tiempo de John es mejor por pocas décimas de segundo. “Muy bien, chicos, excelentes tiempos”, dice en entrador al terminar la prueba.

El siguiente reto es un circuito de regate. Está al lado de Antonio: “’¡Hola! Vi que te fue muy bien en la carrera, ¿eh? Suerte en esta también.” Carlos se encuentra algo alejado de ellos dos. Sin embargo, los observa. El entrenador da inicio a la prueba. El primero en hacerlo es Carlos. Lo hace de una forma tan veloz que John se sorprende. El siguiente es él. Se choca con dos de los conos y, sin embargo, hace un tiempo muy bueno. Por último, Antonio, lo intenta y, cerca del final, se choca con un obstáculo, el cual hace que se caiga de forma mala y golpee su rodilla muy fuerte contra el suelo. Queda tirado en el campo. Entrenador corre a su lado. Tras ver cómo está, dice: “Chicos, se pausan las pruebas. Antonio tiene que ser atendido. Por favor, vayan a los vestuarios.  A ti, Antonio, que te revise el médico, anda.”

Carlos está tranquilo. La competencia está disminuyendo. Se coloca sus audífonos y se concentra en lo suyo. John consuela a su compañero Antonio: “No te desanimes. Estará todo bien compañero”. Antonio tiene, en realidad, una lesión. No puede seguir con las pruebas. El entrenador observar la diferentes actitud de Carlos y John, los dos mejores, ante la lesión de un compañero y valora la humildad y compañerismo de John a pesar de estar en una competencia.

La prueba final es la tanda de penaltis. A falta de tres penales para acabar la tanda decisiva, John se encuentra frente a la portería. El sol está muy brillante. Sus músculos están tensos, su rostro, empapado en sudor. Patea e ingresa a gol. Sigue Carlos. Con mucha seguridad, se coloca frente a la portería, patea de forma agresiva e ingresa a gol. Luego tiene una pequeña celebración.

Para el penúltimo penalti, John se coloca frente a la portería. Mira el cielo, patea, y el balón roza las manos del portero, pero ingresa a gol. John comienza a ponerse nervioso. Carlos mete su siguiente gol sin ningún esfuerzo.

Es el último penalti. John se coloca frente a la portería. Su nerviosismo se le nota en la cara y sus piernas tiemblan un poco. El mundo se silencia para él. Toma la decisión de ir a patear y su tiro golpea el palo. Ha fallado. John se hace a un lado de la portería. No puede mostrar su debilidad con el tiro faltante de su rival. Carlos se coloca frente a la portería, mira a John, patea e ingresa a gol. Carlos corre a celebrar mientras John se inclina de pie con la cara hacia al suelo. Ha metido todos los goles menos el último.

El entrenador le entrega a Carlos la camiseta del equipo y él procede a ponérsela. Los compañeros le abrazan y felicitan. Pero el entrenador tiene una segunda camiseta. Se acerca a John y le felicita por su deportividad. Le dice que es una camiseta de suplente y que quiere contar con él dentro del equipo. John, en una mezcla de emociones, le abraza uno segundos y le da las gracias.

John y su abuelo están sentados en el salón. El abuelo le dice que está muy orgulloso de lo que ha logrado. Le recuerda que, de una u otra forma, está dentro del equipo. El abuelo le pide a John su indumentaria para poder colgarla y John le da la camiseta oficial. Sin embargo, el abuelo se la devuelve. Quiera la camiseta de suplente. Esta es la que representa que debe estar orgulloso de lo mucho que ha logrado, aunque no fuese lo que él esperaba.

Comentarios

Entradas populares